martes, 19 de enero de 2010
Enero
Esta ciudad, como una mujer
se hace amar con todo el amor
y se hace odiar, con todo el desprecio.
Brinda calor a veces cuando te falta para respirar
y a veces cuando no necesitas verla mas.
Intensa, elegante y a la vez macabra,
te hace detestarla y querer dejarla...
aun lado...
por siempre.
Estoy en el centro de un órgano artificial...
complejo, terco, necio.
No sabe cuando detenerse,
y lucha por su vida como cualquier ser vivo:
con todo lo que tiene.
Esta mujer, como mi ciudad:
se hace amar, se hace odiar
a veces trae el cariño cuando mueres por el
a veces cuando ya no hay esperanzas.
Uno, es siempre uno, unidad, único.
Todo espejo tiene un solo reflejo de mi,
y todo reflejo compuesto es una falsa copia de mi ser.
Al final siempre estas tu,
la unidad.
Siempre piensas solo - sin muletas
siempre hablas solo - sin coros
siempre estas solo - aún en la multitud
estamos solos,
como las hojas secas caen,
cada una en su trayecto, sola,
hermanadas por la savia, pero solo por eso.
Cada atadura al pasado, es una muleta
y cada atadura al presente,
es la falsa sensación de empatía y coexistencia,
inexistente, esperanza pre-desesperada,
amuleto sin fuerza, un velo por el propio deseo de estar ciego,
como escapar de la vista ajena usando una máscara,
pensando que eres más de lo que siempre has sido,
al final, hoja seca, caes y vuelas con hermoza danza tu única trayectoria,
para caer solo, y desaparecer con el tiempo.
Enero 18, 2010.
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